Los humanos somos más tóxicos que un desastre nuclear.

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Anoche estábamos en la redacción del periódico y mi amigo y compañero, Manuel, me ilustraba al tiempo que me decía que se conmemoraba el aniversario del asalto a la plaza de Tiananmen, en Pekín, China. 30 años han pasado ya y parece que fue ayer.

Nos preguntábamos que habría sido de aquel hombre que se interponía en el camino de un carro de combate con sus dos bolsas de la compra, cada una en una mano e impidiendo que el blindado avanzara ¿Cuántos murieron en aquella masacre? Qué poco sabemos de las cosas que pasan a nuestro alrededor. Hablamos, también, de que se celebraba el día del medioambiente, cuanta hipocresía, musitó mi compañero … y cuanta mierda, dije yo por lo bajo. Es paradójico todo esto.

Los represores de ayer y de hoy ya son una potencia mundial y casi nadie recuerda aquel

triste episodio de la reciente historia de China como paradójico es que tras 33 años de la explosión de la central nuclear soviética de Chernobyl, la naturaleza se abra paso con más vigor y diversidad que bajo la cercanía de nosotros, los humanos. En el fondo somos más tóxicos que un desastre nuclear.

 

Si hoy pasabas por aquí y quieres saber un poco más de todo esto, te presentamos estos dos reportajes que, seguramente, los vas a disfrutar más que lo que están dando por la tele.