Aparatoso accidente de un toledano que volaba en Ala Delta

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La mañana había comenzado bien. Las condiciones climatológicas eran buenas y el grupo de deportistas que suelen quedar en las estribaciones de Gredos para practicar el vuelo con parapentes y alas delta lo tenían todo preparado para dejarse llevar y jugar con las corrientes de aire, emulando a las grandes aves que en ocasiones acompañan a estos humanos voladores.

Desde la cima de una montaña fueron despegando uno a uno. Este grupo se suele reunir los fines de semana para practicar esta actividad y llevan muchas horas de vuelo a sus espaldas. Los accidentes no suelen ser frecuentes pues se toman muchas precauciones y además siguen rigurosamente protocolos de seguridad que han depurado con la experiencia de los años. La seguridad absoluta no existe, suelen decirte cuando les preguntas y casi todos pueden contar anécdotas de momentos complicados o accidentes de los que han salido en ocasiones con algo más que un susto. No es para menos, verlos precipitarse al vacío para remontar y comenzar a volar en círculos y desplazarse a velocidades de vértigo, es impresionante.

En el aíre pueden estar horas y cuando llega la hora de tomar tierra ya tienen, más o menos, lugares previstos de aterrizaje que suelen ser extensiones llanas y sin mucha complicación.

Nuestro protagonista había saltado al vacío y evolucionaba sin problemas hasta que empezó a notar que no encontraba buenas condiciones para volar. Hasta los buitres abandonaban, me comenta cuando me lo encuentro en el hospital, tras el accidente.

El viento empezó a soplar con fuerza y el piloto tenía dificultades para controlar el ala y decidió buscar un buen lugar para aterrizar. Desde las alturas observaba que dónde solía aterrizar estaba ocupado por un montón de animales de una ganadería y tuvo que buscar otra zona. El cansancio y la zozobra estaban haciendo mella en el deportista que cuando encontró una buena alternativa y se dispuso al aterrizaje, no pudo controlar el Ala y se empotró contra una valla metálica que le produjo una grave herida en el brazo.

Se deshizo como pudo del arnés, el casco y los cables que se habían roto en el accidente y salió a pedir ayuda. Sus compañeros estaban muy lejos para ofrecerle asistencia, aunque se activó un protocolo de emergencia y salieron en su busca. Este toledano no sabía ni dónde había caído y a pesar de las heridas y magulladuras logró llegar a una carretera comarcal justo cuando pasaba un matrimonio de señores mayores, como me cuenta el accidentado. La pareja le ayudan en todo momento y no se separan de él, le dan agua y llaman al 112. El accidentado estaba tan desorientado que pedía que le llevaran a un hospital y la señora le dijo que eso era una locura … que no sabrían ni a donde ir así que mejor es que llamemos a EMERGENCIAS y que nos digan que es lo que tenemos que hacer.

Así lo hicieron y en menos de media hora llegaron, por un lado, un médico y una enfermera de un centro de salud cercano y a los pocos minutos una ambulancia que llegaba de Arenas de San Pedro, Ávila.  Se decidió que el hospital más cercano era el de Talavera de la Reina y procedieron a evacuar al herido. El matrimonio lo despidió como a un hijo y este se emocionó por como lo habían tratado, por el cariño que le habían dispensado y porque no le abandonaron hasta que se lo llevó la ambulancia. La gente es muy buena, me decía cuando recordaba a este matrimonio que venía de una finquita que tenían por ahí.

El accidentado destacó la profesionalidad y las atenciones de los sanitarios que le trataron en la misma carretera. Le limpiaron bien las heridas y le prepararon para que le intervinieran en el hospital.

Cuando llegó al hospital de Talavera de la Reina, ya le estaban esperando una cirujana y otras dos mujeres médico que estaban haciendo sus prácticas hospitalarias. Entre las tres le arreglaron el roto y hasta grabaron un vídeo para que se lo llevara de recuerdo.

 

Tras el accidente hay que destacar que todo funcionó más que perfectamente. Los servicios de ayuda y emergencia llegaron con prontitud, los ciudadanos que lo auxiliaron en primer lugar sabían que había que llamar al 112 y ofrecer seguridad al herido. Los compañeros de vuelo se volcaron y le asistieron en el hospital, recogieron su Ala accidentada y se encargaron de trasladarlo a su domicilio. El equipo médico de Talavera hizo un trabajo impecable tanto en el plano profesional como en el emocional. En definitiva, un mal trago pero que puso a prueba en que sociedad nos movemos y como decía el deportista toledano, ha sido una gran experiencia de vida y me siento muy agradecido por cómo ha salido todo.